No puedo dormir...
Suenan seis campanadas y yo no puedo dormir...
Tienen un eco de bronce, algo recio, nada arrobador.
¿De dónde proviene?, ¿Por qué me perturba?
Mi alma se moldea a mi gusto, demostrando así su firmeza,
Su entereza de cientos de años y algunos miles de cambios.
Suenan seis campanadas y yo no puedo dormir...
Y mi voluntad se doblega (como siempre) a la poesía,
A esa inefable pasión casi prohibida o casi sagrada.
Me asaltan las líneas pararelas en plena noche,
Cuando apenas puedo defenderme, ¡casi desnudo!
Mas yo me levanto y las enfrento con un vigor algo somnoliento.
Una vigilia de condenado a tintas forzadas,
Pepetua es la condena, ¡eso ya o sabéis!,¡lo habéis sentido!
Quizás al amar...quizás al perder un amigo...
Ahora podréis comprender de qué hablo, de qué escribo,
Pese a no entender aún la charla de los caracoles.
Mientras quede Luna en el cielo de las estrellas lloronas,
Y no me sorprenda demasiado temprano el nuevo día.
Aquí bailaré con los sátiros de Morfeo, su temible danza...
Y la misma Terpsícore se sentirá humillada.
Ya se apaga esta oda, pronto termina esta cruzada.
Pues han sonado ya siete veces las campanas.
Y creo que ya puedo dormir...
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