12/2/10

El niño gustaba...

El niño gustaba de prosas simples,
Más que prosas, podrían llamarse rimas nada complicadas...
"La noche en sus brazos dulces le mecía,
Y en su oscuridad, abrazarle parecer quería"
¡Esto le agradaba!, y no la complejidad del perfume.
No apreciaba sus taninos, ¡y casi le ofendían!
No es culpable...de serlo, casi todos lo serían.
¿Acaso no es verdad que el aroma no es para muchos?
El extracto entrelazado de mirra y humo de hoguera.
Bataholas y espirales, líneas convergentes y ángulos.
Colores vivos...¡y muertos coloreados de tinta!
La espesura de la prosa sin reglas, sin medida...
El bosque de rimas infectas de una libertad muy pura.
No es para todos...a muchos no les concierne...
No se comprende lo que no se ha visto.
No se puede entender lo que nunca ha existido.
Sin embargo...algunos lo captan, lo huelen...
Lo aspiran en el aire nocturno, y lo saborean con deleite.
¡Es para ellos el Auténtico Reino de los Cielos!
El verdadero Reino que no anunció ningún profeta.
¡Tan sólo lo predijeron algunos videntes...!
Unos desde el Infierno y los más, desde el limbo.
Y el niño no lo veía...no podía verlo...
¡Y no se le culpa por ello!
¿Cómo acusarle de gozar de las rimas comunes?
¿Cómo recriminar ese deseo de simpleza tan divino?
("En la sencillez hallarás la perfección")
¿Quién podría ignorar la belleza de algo sencillo?
Yo no la ignoro... ¡y no le recrimino!
Disfruto como muchos del sabor de un don divino.
¿Don?, ¿Rima sencilla?, ¿Cómo me atrevo?
¿Cómo cuestiono la altura de tan antiguos versos?
No la cuestiono, ni la pongo en entredicho...
Tan sólo valoro la libertad que encierra la prosa,
El albedrío tan alegre que desprenden las plumas,
¡La noches tan locas que me brinda la poesía...!
(¡Unas rimas para el infante que estará medio dormido!)

"Quiero darte un poco de mi alma,
Un pequeño regalo de pobre a rico.
Quiero regalarte mi corazón de plata,
Y recibir a cambio el de oro tuyo.

Esta noche te diré te amo al oído,
Mientras la luna nos abraza y nos mima.
Esta noche de lujuria te haré mío,
Mientras nos besan estrellas y rimas.

Con esta sencillez tan ingenua, rimo,
Y con mis versos pretendo que me ames.
Lo conseguiré, con la ayuda del cielo,
Y tu amor hará que nunca nos separen.

Termina aquí la banal poesía,
La sencillez austera de esta omilía.
Con un beso y una rima me despido,
Y con una promesa de amor eterno."

De esta guisa son las rimas que él prefiere,
O quizás algo mejores y musicales...
Lo cierto es que no es mi estilo, no me llenan,
Aunque algo de ellas arrastro al escribirlas.
-Espero no volverme musical-, (disculpa Verleine)

No lo haré...prefiero una senda distinta,
Un camino de luces y sombras,
De calderos de hojalata sobre narcisos rotos.
De montañas desplomadas sobre mares de cera.
Una miríada de estrellas negras sobre un fondo granate,
Y una noche con tres lunas y un corazón de fuego.
Un disparate de bailes y fogatas azules iridiscentes.
Un sonar de timbales como cañonazos de carabela.
Pájaros hendiendo el cielo con sus puñales en forma de pico.
Videntes y futuros inciertos a fuerza de sueños.
Canes derramados sobre sus barrigas, creciendo en ellos el trigo.
Un ojo enorme que no ve nada, ¡sólo huele!
Una certeza de grandeza que no puede sino ser cierta.
Un...¡no me importa morir de amor, ni morir de rabia!
Simplemente un camino de vida y de muerte, sin suerte...
No hay suerte para los sabios ni para los más necios.
Esta es la senda que más me convence.
¡Que cada uno escoja la suya!, ¡sin juzgar la de enfrente!

No hay comentarios:

Publicar un comentario